lunes, 23 de marzo de 2020

LA HORA DEL PLANETA

COVID-19 El lavado de manos correcto









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Boletín Especial | Por qué no debes seguir ninguna receta para hacer gel desinfectante de manos en casa




Manipular los componentes químicos necesarios para su producción, sin tomar las medidas de protección adecuadas ni tener los conocimientos científicos suficientes, resulta peligroso
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Limpiar manos con gel desinfectanteGelImagen: Gadini
El lavado de manos correcto te protege de contraer la COVID-19, aunque conviene tener un gel o líquido desinfectante, por si necesitas salir de casa y sabes que no tendrás cerca un baño donde lavártelas. De hecho, se ha convertido en uno de los productos de higiene más demandados en los comercios para evitar contagiarse del coronavirus SARS-CoV-2. Ya antes de que se decretara el estado de alarma, los establecimientos que disponían de ellos los vendían a cuenta gotas y hasta en muchas farmacias reconocían que se quedaban sin ellos en pocas horas, por no decir minutos. Ante esta situación bastantes ciudadanos se han planteado dedicar parte de su tiempo de la cuarentena en casa a fabricar sus propios geles desinfectantes. Una práctica del todo irresponsable. Te contamos por qué no debes hacerlo, si es que ya estabas pensando en hacerte químico por un día para matar tu aburrimiento en el hogar.
Hasta ahora solo los veíamos en hospitales, baños públicos, gimnasios… o en el bolso y manos de personas muy pulcras con su higiene. No era común usar geles antibacterianos, antisépticos o desinfectantes con nuestras manos antes de comer un pincho o atacar un bocata. Incluso las toallitas húmedas para los bebés (o las que se comercializan para las manos de los adultos) han sacado de muchos apuros a más de uno en lugares donde era imposible dar con un baño que tuviera jabón en el lavabo.

¿Lo mejor para evitar contagios? Lavado de manos

Sin embargo, a raíz de la crisis del coronavirus, estos geles están entre los productos más difíciles de encontrar en supermercados y farmacias. Y es que estas soluciones desinfectantes resultan muy cómodas para llevar en el bolsillo (se dispensan hasta en botellas plásticas desde los 50 ml) y útiles para los momentos en los que se puede salir de casa durante el estado de alarma y no es posible lavarse las manos con agua y jabón, que es lo que recomiendan todos los responsables sanitarios para acabar con el SARS-CoV-2.
Lavarse las manos con frecuencia proporciona más protección ‎frente al contagio de la COVID-19 que usar guantes de goma. El hecho ‎de llevarlos puestos no impide el contagio, ya que si uno se toca la cara ‎mientras los lleva, la contaminación pasa del guante a la cara y puede ‎causar la infección”, explica la Organización Mundial de la Salud (OMS). “Este virus tiene una cápsula lipídica que le hace bastante sensible a los desinfectantes habituales o al agua con jabón. La temperatura del agua no importa mucho, sí el uso de jabón”, reconoce el dermatólogo Antonio Clemente Ruíz de Almirón, miembro de la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV), quien sostiene que no hace falta lavarse las manos con agua y jabón y utilizar un gel hidroalcohólico, aunque si se quieren emplear las dos cosas, “tampoco está mal”.
¿También las personas con piel sensible? “Las soluciones hidroalcohólicas no son más irritantes que el lavado con agua y jabón”, asegura Rosa Taberner, dermatóloga de la misma asociación. Por eso, recomienda “abusar” de las cremas hidratantes antes de que aparezca la rojez y el picor, ya que cuando la dermatitis aparece, su empleo produce todavía más prurito en la piel y, entonces, habrá que recurrir a tratamientos médicos tópicos que deben ser prescritos por el médico.

Geles desinfectantes: uso y fabricación

Así que puedes usar estos productos antisépticos antes y después de ir a la compra o la farmacia, viajar en transporte público para ir a trabajar, atender a nuestras personas mayores, bajar a tirar la basura o sacar a pasear al perro (por prevención limpia también con gel sus almohadillas y cola). Basta aplicar unas gotitas y enseguida se desinfectan las manos que antes deben estar limpias, sin suciedad. Y esta desinfección no se hace de cualquier manera. ¿Cómo aplicar una formulación desinfectante de este tipo? Según la OMS, hay que verter una cantidad de producto en la palma de la mano, extenderlo por la superficie de ambas manos y frotarlas hasta que se sequen; una acción que puede llevarnos unos 20-30 segundos.
Sin embargo, para que estos geles secos sean eficaces necesitan una composición específica. Tanto los productos cosméticos como los biocidas (desinfectantes que se identifican con un número de registro sanitario de la AEMPS, que es la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios) deben tener una concentración mínima de alcohol isopropílico, etanol o alcohol propílico de al menos 60 %. Además, en el caso de los biocidas, pueden contar, entre otros, con acción virucida que se determina en la norma UNE-EN 14476. Todo ello tendría que aparecer en el etiquetado.
Ante el problema de suministro de los geles hidroalcohólicos higienizantes de manos, fabricantes de bebidas espirituosas con destilerías en España ya han trasladado al Gobierno su disposición para producirlos y hasta han solicitado los permisos correspondientes. Pero hay quienes pueden ya hacerlo.
Desde el Consejo General de Colegios Oficiales de Farmacéuticos (CGCOF) se ha trabajado en la posibilidad de fabricar también estos productos en los laboratorios de las mismas farmacias, pero con unos requisitos distintos a los necesarios para crearlos como fórmula magistral (en este caso es obligatoria la correspondiente prescripción médica). De hecho, pueden ser formulados como cosméticos siempre que se sigan ciertos requisitos legales en cuanto a fabricación, envasado, etiquetado y notificación al Portal Europeo de Notificación de Productos Cosméticos (CPNP), tal y como apunta Antonio Blanes, director de los Servicios Técnicos del CGCOF. Y hasta se está estudiando con las autoridades sanitarias para que las farmacias puedan tener mayor agilidad para preparar geles hidroalcohólicos.

Recetas de geles desinfectantes y sus peligros

Aun así, y ante una posible subida del precio de estos productos, hay quienes bucean en Internet en la búsqueda de recetas para hacerlos en sus casas. Y los encuentran y comparten en las redes sociales. Los hay con alcohol, o sin él, y mezclándolo con aloe vera, árbol de té o aceites esenciales. También se ha visto que, ante la falta de alcohol, algunos recurren al vodka y lo combinan con lubricante íntimo o tiran de ginebra y unirlo a la crema hidratante, por poner algunos de los ejemplos más disparatados. Pero entre las fórmulas más compartidas también están las pautas que fija la OMS a los farmacéuticos para su preparación y que contienen etanol o alcohol isopropílico, peróxido de hidrógeno (agua oxigenada), glicerol y agua destilada estéril o hervida fría.
Una vez conseguidos los ingredientes básicos de estas formulaciones, basta con hacerse con los accesorios medidores, un vaso mezclador, botellas de plástico o de vidrio y empezar a jugar a ser químicos intentando crear un gel desinfectante.
Pero en todos los casos, las recomendaciones de los expertos pasan por dejar que sean los profesionales quienes las lleven a cabo. Entre las voces críticas en las mismas redes sociales destaca la de la química y divulgadora científica Déborah García Bello, más conocida como Deborahciencia. “Es una irresponsabilidad compartir recetas para fabricar gel desinfectante”, comenta en su cuenta de Twitter. “Es importante ser prudentes en esta materia”, manifiestan los farmacéuticos. ¿Por qué?
El principal riesgo de los desinfectantes de manos caseros, apuntan desde la AEDV, es que se usen para su producción fórmulas que no tienen una eficacia probada. Y ponen como ejemplo recetas de Internet sobre geles que contienen “productos de herboristerías como aceites esenciales que tienen una eficacia dudosa y que, en algunos casos, podría originar alguna reacción alérgica”.
Pero, en el caso de que sean válidas, como la de la OMS o este preparado de un farmacéutico de Cádizlos problemas son otros si no se hacen de modo correcto, algo muy probable en manos de personas inexpertas e imprudentes, pues no son recetas caseras, sino para profesionales:
  • Se basan en sustancias que, mal manipuladas sin medidas de protección adecuadas y sin conocimientos científicos suficientes, pueden resultar peligrosas. Irritantes e incluso inflamables, en el caso del alcohol y el etanol. “Los alcoholes deshidratan nuestra piel, por lo que su uso continuado en formulaciones que carecen de emolientes o humectantes acaba dañando la piel”, recuerda Antonio Blanes. El peróxido de hidrógeno puede causar quemaduras en piel, mucosas y ojos. Y el glicerol también es inflamable, untuoso y mancha mucho.
  • Para su producción, además de estos reactivos químicos, se necesitan utensilios de medida de precisión (pipetas, probetas, balanzas…) que no se pueden comprar con facilidad. Y menos en estos momentos, cuando hasta los productos básicos (alcohol, botellitas) escasean. Así que lo más sensato y responsable es dejar estos temas en manos de profesionales. Ni se te ocurra probar con metanol, pues es altamente tóxico. Y ni uses la Thermomix para pesar los componentes. Un pequeño margen de error puede ser clave.
  • La fabricación de estos geles requiere de unas condiciones de higiene que no se pueden asegurar en nuestras cocinas, por lo que podríamos obtener como resultado un gel contaminado con bacterias y, lo que es peor, sin que nos hayamos percatado de ello. En un laboratorio, en cambio, las condiciones de limpieza y los controles de calidad sí que garantizan un producto seguro.
  • ¿Quién te asegura su eficacia? “Lo más probable —sostiene Blanes— es que resulte ineficaz contra el coronavirus, pues las concentraciones a las que figuren los ingredientes son fundamentales, además de que en una mezcla casera no se podría garantizar su homogeneidad y, por tanto, su dosificación equilibrada”.
  • Y si algo sale mal ¿a quién reclamar? Los productos comerciales al menos tienen un servicio de asistencia.

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Respirar bien para mantener la calma

Aunque respirar es instintivo, el estrés y la ansiedad que estos días puedes sufrir influyen en tu forma de aprovechar el aire. Toma nota y aprende a respirar de forma saludable con la postura correcta
Parece sencillo, pero a veces respirar bien resulta un arte, más aún ante momentos de crisis como la que vivimos a raíz de la expansión del coronavirus; las noticias sobre nuevos casos de contagios no cesan y conviene tomar medidas para no agobiarse. La respiración puede ayudarnos a calmarnos, pero, por instintivo que sea, no siempre dominamos esta importante actividad o, bien, adquirimos malos hábitos difíciles de corregir, como respirar por la boca. Por eso, los expertos recuerdan que no oxigenarse de modo correcto puede provocar algunos daños en nuestra salud y perjudicar, por ejemplo, nuestro descanso. Consultamos a Isabel Urrutia, neumóloga de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (Separ), para despejar todas las dudas, aprender a respirar de forma saludable y saber cómo recuperar la respiración (y la tranquilidad) después de un ataque de ansiedad.

¿Sabemos respirar?

Absorber y expeler aire parecía un movimiento sencillo, innato y que traíamos aprendido de serie, pero no todos lo hacemos tan bien como pensamos o deberíamos. ¿Inspirar por la nariz? ¿A qué ritmo? "Respirar es algo natural e instintivo, una actividad que, en general, no hacemos mal; pero hay que recordar respirar por la nariz, ya que el sistema de filtrado nasal logra que captemos aire de mayor calidad", explica Urrutia. Y no debemos acelerarnos. Una frecuencia respiratoria normal y saludable, en reposo, ronda en torno a las 12 y 18 respiraciones por minuto.
La cuestión se complica cuando tenemos la nariz taponada o salimos a correr o hacemos otro ejercicio aeróbico al aire libre. Entonces resulta más habitual despistarse y captar el aire por la boca. Y ahí pueden surgir los problemas. "Si respiras con la boca abierta por la calle y hace frío, al aire no le da tiempo a humidificarse y calentarse de forma adecuada, por lo que las mucosas pueden enfriarse", dice Urrutia. El resultado: aumenta la probabilidad de coger un resfriado.
Pero más allá de esta precaución, reconoce la experta, no hay mayores problemas. Eso sí, si padeces sobrepeso u obesidad, debes saber que esta condición aumenta el riesgo de que sufras un trastorno respiratorio nocturno, como el síndrome de apnea-hipopnea, lo que perjudica la calidad del sueño. "Este problema hace que dejemos de respirar durante determinados momentos y que, en general, captemos un menor volumen de aire, por lo que no tendremos un sueño reparador y sufriremos somnolencia por la mañana", apunta la doctora.

Mindfulness con tu inhalación

Ciertas técnicas de relajación incluyen el entrenamiento respiratorio. Entre ellas, se encuentran la meditación consciente —conocida como mindfulness—, el yoga e incluso el taichí. Están de moda y son tendencia, pero aun así, estos ejercicios pueden tener un efecto beneficioso porque ayudan al control del estrés y la respiración.
Además de lanzarte a por tu colchoneta de yogi e iniciarte en su práctica, puedes realizar otros ejercicios sencillos para hacer en cualquier lugar. Los expertos recomiendan empezar a tomar conciencia de tus movimientos de entrada y salida del aire. Presta especial atención a los momentos en los que te sientas especialmente estresado y nota cómo se comporta tu respiración: por ejemplo, si tienes problemas para tomar el aire, coges bocanadas grandes a través de la boca o si tu ritmo respiratorio se acelera o pierde su ritmo natural y se ha convertido en irregular. Apunta, toma conciencia y aprende a cambiar este comportamiento por otra respiración más pausada y calma. El consejo general de la neumóloga: "Respira hondo porque reducirás el ritmo respiratorio y te ayudará a relajarte y a sentirte más tranquilo".

Adopta una buena postura: vigila tu diafragma

No parece extraño que ejercicios como el yoga —que trabaja la conciencia sobre nuestro cuerpo, además de sobre la respiración— estén tan en auge. Y es que nos cuesta mantener una postura saludable. Cualquiera que haya probado a mejorar su llamada higiene corporal dinámica conoce que una mejor colocación favorece la respiración profunda.
Pero a veces el problema reside en interiorizar qué posición nos resulta saludable. Según Urrutia, esto no lo hacemos mal del todo. Y, en general, todos tenemos una postura buena que nos permite respirar con calidad.
Si quieres ponerte a prueba, empieza por prestar atención a tu diafragma, ese músculo alojado entre el pecho y el abdomen, porque desempeña un papel principal en la respiración. Este tejido cargado de tendones funciona como una bomba que mete el aire dentro y después lo empuja fuera de nuestro cuerpo. Por eso, hay que asegurarse de que no lo oprimimos para que pueda llevar a cabo su tarea con total libertad.
Pero aquí no acaba todo. Recuerda mantener tu espalda erguida, elevada y tus hombros bajos y encajados de manera natural en las clavículas. Esta posición implica colocarlos ligeramente hacia detrás (pero con naturalidad, sin exagerar) y distendidos, sin tensiones. Tu mentón debería alzarse de forma suave. Y no te olvides de relajar mandíbula y cuello.

Más que un suspiro

Los hay que denotan amor o anhelo, pero otros revelan puro agotamiento. Los especialistas recuerdan que los suspiros pueden esconder mucha información valiosa sobre la calidad de nuestra respiración. Porque, afirman, un suspiro resulta casi siempre ser más que un suspiro.
Un ejemplo clásico está en quien practica esta respiración profunda a todas horas o en quien bosteza todo el tiempo (en el fondo, otro tipo de inhalación). En uno y otro caso, estos comportamientos pueden esconder un problema para obtener aire suficiente. Y acabamos exhaustos porque nos estaremos hiperventilando; es decir, captamos bocanadas a un ritmo mayor del que los expertos consideran saludable. Y aunque la respiración excesiva constituye una respuesta natural en episodios de estrés o ansiedad, el consejo consiste en tratar de controlar el ritmo de entrada y salida del aire.
Para quienes suspirar puede llegar a convertirse en un hábito y, por tanto, en un comportamiento repetido incluso durante los momentos del día en los que no tenemos motivos para estar ansiosos, hay remedio. Deben aprender a aguantar el aire dentro de forma consciente, por ejemplo, siete segundos, porque este gesto ayuda a reducir el ritmo respiratorio. Pero si los problemas persisten, habrá que realizar una visita al médico.

Y respira hondo...

Cualquiera que haya sufrido un episodio de estrés ha recibido el mismo consejo: respira hondo. Cuando estamos nerviosos, nuestra respiración (al igual que nuestro ritmo cardiaco) se acelera y nos hiperventilamos. Esto implica que captamos mayor volumen de oxígeno durante la inhalación, pero también liberamos una enorme cantidad de dióxido de carbono (CO2). Según Urrutia, esto resulta nefasto, ya que si haces esto, solo acabarás aumentando tu sensación de estrés e, incluso, puede que derive en un ataque de ansiedad. Por eso, la experta aconseja todo lo contrario: cuando estés nervioso, trata de captar aire de forma lenta, suave y controlada.
Y si te hace falta, o sufres un ataque de ansiedad, "podemos usar una bolsa de plástico". Colócala en la nariz y la boca para recuperar el dióxido que estás liberando, "ello favorece recuperar el ritmo de respiración normal y el sosiego", aclara la médica. Importante: no hay que meter la cabeza dentro de la bolsa, sino solo colocarla en las vías respiratorias.

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